EL ESTADO Y LA NUEVA CONSTITUCIÓN



EL ESTADO Y LA NUEVA CONSTITUCIÓN
*Libardo Fernández Quintana/ Jueves 04 de Noviembre de 1.999.
Después de muchos años, he vuelto a leer el libro del escritor Tocqueville, titulado: “La Democracia en América”,  Hoy a muchos podrá parecerle una visión ingenua y romántica de un sistema que ha tenido muchas equivocaciones y muchas deformaciones, y es lógico. Era imposible prever, en el siglo pasado, los apresurados cambios de la economía  de la ciencia y de la organización social de los tiempos modernos. Hoy en día nos sentimos desbordados por la avalancha de ideas y acontecimientos que caracterizan la época actual.
Sin embargo, hoy persisten algunas tesis de Tocqueville sobre la democracia y sus funciones, como son: La igualdad, la libertad y la fraternidad, las cuales siguen siendo las aspiraciones de la sociedad actual, que aunque se encuentre desmoralizada, angustiada y desengañada de todo, hasta de su propio desengaño, según frase de Papini, sigue, hoy en día, buscando camino para llegar a soluciones definitivas de equidad, de paz y de tranquilo ejercicio de los derechos ciudadanos.
En los albores de la implementación de  una nueva Constitución, los responsables de ella, o sea, La Asamblea Nacional Constituyente, deben tener una visión de la democracia como un sistema de libertad, orden y justicia y le reconozca al hombre sus valores humanos.  Por lo tanto, ésta debe estar equilibrada por un Poder Ejecutivo, que sea auténtica representación del pueblo, de un Poder Legislativo, que dicte las normas de la conducta social y por un Poder Judicial, que otorgue a cada uno sus derechos y que imparta la justicia con la mayor celeridad del caso. Así debe estar consignado, como figura, en la Constitución del 61, como monumento legislativo, la cual ha de ser reemplazada por la nueva Constitución.
De acuerdo con lo informado sobre la nueva Constitución, se sabe que ésta ha de acabar con un Poder Judicial lento en sus decisiones, parcial en sus fallos, incapaz de cumplir la misión de dar a cada uno un derecho, dominado por presiones extrañas, lo cual implicaba o representaba un factor antidemocrático. Un Congreso indiferente ante los grandes  problemas del país, maleado por el sectarismo, atento exclusivamente a la defensa de sus ventajas y de sus privilegios, lo cual también representaba un factor antidemocrático. Y una autoridad permisiva que dejaba camino fácil a los abusos y a todas las manifestaciones de la corrupción moral, política y social, que al igual que los anteriores seguía siendo un factor antidemocrático.
La nueva Constitución, ojalá satisfaga los múltiples requerimientos del pueblo venezolano, el cual espera que el nuevo estado haya sido concebido, como aquel en el cual el bien común prevalece, sobre el interés privado, donde la economía esté regulada y planificada, donde la propiedad privada sea respetada, donde haya plena libertad de expresión y libertad de empresa. Sin esto, es imposible ir más allá sin que se rompa el equilibrio que debe existir entre el sector público y  el privado y sin que se reduzca la iniciativa popular a niveles de inferioridad manifiesta.
En la nueva concepción que se tiene sobre el Estado en la nueva Constitución y que ha de regirnos a partir del 2000, el pueblo venezolano espera que no se haya avanzado excesivamente, porque aún en aquellos países calificados como demócratas, ha existido una deformación que anula la libertad individual para trabajar y para vivir. Al hombre lo están convirtiendo en un objeto sin valor en una pieza de una maquinaria fantástica que destruye todo lo que se opone a su marcha y a su avance. Por lo tanto no hay que ser más papista que el Papa, y tratar de evitar un Estado que cubra toda una sociedad con una red de minuciosas y complicadas reglas individuales que impidan, aún a las inteligencias poderosas, elevarse por encima de la mediocridad, Un Estado que aunque no destruya la voluntad de vivir del individuo, la ablanda, la doblega y le impone su mandato. No destruye, pero impide la creación. No establece una tiranía, pero crea dificultades, oprime, excita los nervios, debilita, mutila y aplasta finalmente una nación hasta que la convierte en una manada de amedrentados animales de trabajo, cuyo guardián es el gobierno.
Ojalá ésta nueva Constitución, sea para prodigarle al país una suma de dicha, prosperidad y felicidad, lo cual ha de radiarse a todos los confines del pueblo venezolano y especialmente a esta, tan amada y sentida Guayana, porque Guayana somos Todos.

*Presidente de: ASOMAB
*Presidente de: Gente por Guayana A.C.

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