¡EL PARO! ¿CONTRA QUIÉN?
*Libardo Fernández
Quintana/ Jueves 18 de Mayo de 2000
El jueves de la
semana pasada se llevó a cabo un paro o protesta contra la inseguridad
reinante, no solo en Guayana sino en todo el país, ya que este es un flagelo
que ha venido azotando tanto a los ricos como a los pobres y esto se ve cada
día que pasa, puesto que a cada momento atracan y asaltan un banco, un comercio,
una empresa hasta un humilde niño para despojarlo de sus zapatos u otra
pertenencia de valor.
Este paro se llevó
a medias y no contó con el respaldo de la mayoría de los empresarios y
comerciantes. Voceros de algunas Cámaras hicieron conocer su desacuerdo en
relación a ésta medida que, según ellos, dejaba entrever sus fines políticos y
lógicamente estos no se iban a prestar para este juego.
El problema de la
inseguridad es algo que a todos nos
compete o nos atañe, pero principalmente a todas aquellas entidades a las
cuales les corresponde una mayor cuota de responsabilidad para minimizarla. La
inseguridad es parte de la descomposición social que se ha venido desarrollando
en el país en los últimos años y uno de los factores que tiene mayor incidencia
en ella es el desempleo. Todos sabemos que en la década del 80, no existía desempleo
en la proporción de hoy, puesto que había pleno empleo, pero a raíz de la
debacle económica y de la mala administración de nuestros gobernantes, se ha
producido esta ola de inseguridad que hasta el momento tiene en una incertidumbre
al gobierno de turno y que, lógicamente, será un factor en contra a la hora de
decidir el 28 de Mayo.
El problema de la
inseguridad, al que más golpea es al de abajo, puesto que ahora solo existen
dos clases, los de arriba y los de abajo, ya que la clase media desapareció de
este país.
La inseguridad es
algo que no sólo es generada por el hampa común, sino que también se genera en
todas aquellas instituciones o comercio donde el ciudadano común acude en
solicitud a que se le preste un servicio
y es atendido mal por unos y robados por otros, y esto lo podemos ver a diario
cuando un ciudadano acude a una entidad bancaria en solicitud de un crédito,
lleno de ilusión para poner en práctica su negocio o para resolver un problema
grave de salud en su familia y es
ruleteado al máximo y luego le niegan toda posibilidad, poniéndolo al borde del
desespero y en condiciones de cometer una locura. También la inseguridad la
generan estas instituciones bancarias cuando discriminan al ciudadano en cuanto
a su capacidad de ahorro, puesto que establece montos mínimos para ahorrar y
los multan cuando tienen un saldo inferior a éste, lo cual atenta y va en
contra de la libertad y capacidad de ahorro, cuando para ahorrar solo se
necesita la voluntad de hacerlo, en un principio con poco y luego irá
increscendo.
Ahora los bancos
tienen ciertos mecanismos, mediante los cuales esquilman al usuario de su
propio dinero y éste no tiene dónde reclamar y, si lo hace, tiene que soportar
la demora y el ruleteo y esto lo observa usted en los infinitos reclamos que se
presentan por los costos excesivos en tarjetas de crédito, por cheques
devueltos, por descuento por no disponer de saldo mínimo, etc.
También podemos
observar como algunos comercios atentan contra la ciudadanía, cuando ésta acude
a comprar algunos artículos de primera necesidad y del hogar y son robados en
la forma más descarada. Ustedes saben que hay propagandas donde anuncian
artículos para ser pagados en (17+1) cuotas y que al usted sacar la cuenta sale
pagando el producto tres y cuatro veces más caro que el precio de contado. Lo
mismo ocurre con las crediticias que abusan y se aprovechan de la necesidad del
trabajador, cobrándoles precios demasiados excesivos, y esto lógicamente atenta
contra la seguridad del ciudadano que se encuentra indefenso y no tiene donde
acudir.
La inseguridad de
las personas no solo es referente o sucede
cuando es asaltado o atracado por un delincuente, no señores, la inseguridad
está radicada en todas aquellas instituciones que prestan un servicio al público,
como la antes mencionada, que sin accionar un arma despojan a la ciudadanía de
sus pocos recursos sin que ésta pueda defenderse. La inseguridad la genera todo
aquel que puede y está en disposición de crear fuente de empleo y no lo hace.
La inseguridad la propician los industriales, empresarios, comerciantes y
gobierno que día a día despiden a sus trabajadores, generando con esto un caldo
de cultivo para la proliferación de maleantes.
Es oportuna la
ocasión para preguntarle a todos los empresarios de la zona y a su ente rector,
Fedecámaras y demás Cámaras que la integran: ¿Cuándo han hecho una protesta o
paro en contra del alza desmedida de los productos, contra la especulación y
contra la mala calidad de los productos? ¿Cuántos empleos han generado en los
últimos años? ¿Cuántas empresas o industrias han creado para motorizar o
incentivar la economía de la región? Si esto no lo hacemos señores, sino que
cerramos empresas y despedimos al personal, nosotros seremos quienes cada día
contribuiremos más y más con la delincuencia y nos ahogaremos en ella, puesto
que debemos tener muy en claro que el Estado ya
dejó de ser papá Estado y es a nosotros a quien nos corresponde jugar el
rol que nos atañe y dejemos de estar jugando con candela al incitar al pueblo a
paro, cuando nosotros sabemos a ciencia cierta donde está el meollo de la
situación.
Evitemos que la
brecha que existe entre los que más tienen y no tienen se haga más profunda y
llegue a producirse un estallido social igual o peor al acontecido el 27 y 28
de Febrero, del cual tengamos luego que arrepentirnos y tenga aplicación la
expresión de una gran mujer colombiana, Bertha Hernández de Ospina, quien dijo:
“Evitemos, en un mañana, llorar como mujer, lo que no pudimos defender como
hombre”.
Ante esta
situación, me permito hacerles una invitación para que nos aboquemos a aportar
ideas y soluciones para la creación de empleos, no importa cuán descabellada
sea la idea, que como decía el finado columnista de El Nacional, Kotepa
Delgado, “Escribe que algo queda” Pues bien, hagamos los planteamientos que de
esto algo ha de quedar. Por ejemplo, Corpoindustria y otras instituciones del
gobierno posee en la zona algunos galpones que se encuentran inutilizados. Por
ejemplo si disponemos de 24.000 m2 de galpones, podemos sacar alrededor de 2000 cubículos de 12 m2, en los cuales
podemos instalar 2000 pequeños emprendedores, los cuales desarrollarán la
manufactura en los siguientes rubros: Fabricación de zapatos, carteras, bolsos,
correas, maletas etc. Y la materia prima, el cuero, sería suministrado por el
matadero Municipal. Fabricación de implementos o artículos de aluminio, hierro
colado, para la industria automotriz y doméstica. Fabricación de productos de
seguridad industrial. Fabricación de partes eléctricas. Fabricación de
artesanía de madera. Etc. En fin, múltiples ideas que debemos aportar y
abocarnos conjuntamente con los entes financieros del estado a promover estas
iniciativas y dejarnos de una vez por
todas de seguir utilizando ese método tan manido de querer solucionar las cosas
con paros.
Este paro
indiscutiblemente fue contra el pueblo, fue contra Ciudad Guayana, la cual no
se merece recibir esto de quienes tanto se han lucrado en ella y hoy en día la
exponen al escarnio de propios y extraños, lo cual debemos evitar en lo
sucesivo y hacer de ella lo que tanto anhelamos, una ciudad productiva, una Ciudad
Guayana segura, querida, amada por todos, porque Guayana somos todos.
*Presidente de: Gente por Guayana
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