DELINCUENCIA JUVENIL.



DELINCUENCIA JUVENIL.
*Libardo Fernández Quintana/ Jueves 06 de Enero de 2000

Lamentablemente las informaciones aparecidas en la prensa, tanto local como nacional, nos revelaban que el número de muertos y atracos acontecidos en los últimos días en el año pasado señalaban en un gran número de ellos a menores de edad involucrados en tales hechos, cosa que nos indica el grado de descomposición social en que se encuentra nuestra sociedad y de la cual somos copartícipe, al no brindarles, en la mayoría de las casos, la oportunidad de realizarse como ciudadanos dignos y útiles a  la patria.
El fenómeno de la delincuencia juvenil, en la forma como se ha venido suscitando, es de palpitante actualidad, no solo en nuestra región o en el país como una cuestión unida al subdesarrollo económico, social y cultural, sino también como un estigma de las civilizaciones más ricas y avanzadas.
La delincuencia juvenil desde cualquier punto de vista que la miremos, es un problema esencial para la comunidad, porque atenta contra las normas de convivencia, obstaculizando su desarrollo y perturbando la seguridad que exigen sus miembros.
Sin embargo, a pesar de todo, siempre ha existido una preocupación social por lo que se ha denominado Delincuencia Juvenil, y en una u otra forma el Estado ha tratado de tomar medidas que tienden a solucionarlas, aunque en la mayoría de los casos éstas han sido de tipo correctivos. Esto nos indica una problemática con características propias y es del todo importante conocer su incidencia y demás aspectos inherentes a ella.
Si analizamos muy detenidamente la situación, vemos que el delincuente juvenil es una persona a la cual la sociedad, en la mayoría de los casos, le ha negado sus derechos, privándolo de la oportunidad de desarrollarse y formarse como hombre de bien, viéndose así precipitado a la situación en la cual se encuentra y lanzado cada vez más al precipicio de su propia destrucción y distanciándose cada día más de la sociedad en que vive.
Es la sociedad quien, día a día, empuja al precipicio a estos jóvenes delincuentes, mirándolos con desprecio y aplicándoles sanciones, mediante las leyes establecidas, o internándolos en instituciones de rehabilitación.
Basándonos en lo anterior, es bueno que nos preguntemos: ¿Qué se hace para prevenir el problema?, ¿Cuáles son las causas que han llevado a estos jóvenes a infringir la ley? Además de dictar las leyes, ¿Qué papel juega el Estado?. Estas y otras interrogantes, deben movernos a librar una campaña en pro de la niñez abandonada, en pro de esa juventud que se encuentra desprotegida y desamparada de la sociedad en que viven, es hora que nos aboquemos a brindarles amor, cariño y comprensión a esos seres que tanta falta le hacen y alejarlos y alejarlos de la influencia negativa que el medio en que se desenvuelven les proporciona.
La condición de persona humana del joven infractor de la ley, merece nuestro respeto y consideración, máximo cuando, por ser menor, carece de plena capacidad. La misma condición de su edad permite que, mediante esfuerzos unificados, se logre su rehabilitación y aún la prevención del problema mismo, no en grado absoluto, porque no hay que ser tan optimista, pero sí al menos su disminución.
Es del todo importante que nuestra sociedad tome conciencia e interés sobre este problema, el cual es muy grave y cuyas incidencias son múltiples y su azote a la sociedad reviste, cada día, características altamente alarmantes.
En Ciudad Guayana la forma como se ha venido incrementando el auge delictivo, sobre todo con la participación juvenil, es algo que debe llamarnos a la reflexión y hacer que todos nos encaminemos a aportar algo, que nos permita disminuir este flagelo y nos induzca a proporcionar a estos jóvenes los medios adecuados para sacarlos del camino errado donde han incursionado.
Es del todo obligatorio para el Estado, que se abran centros de educación en todos los niveles, sobre todo escuelas técnicas, donde estos jóvenes se puedan formar y aprender una carrera corta que les permita defenderse en la vida, pero eso sí, paralelo a esto, es importante que tanto el gobierno como el sector privado, brinden fuentes de empleo para darles ocupación y así, en esta forma puedan ganarse el sustento, tanto para ellos como para su familia y así evitamos que caigan en desgracia.
Ciudad Guayana reúne todas las características para poder acometer una política de pleno empleo, no solo para satisfacer la demanda interna, sino también para darle  albergue a muchos desempleados provenientes de los estados vecinos. Es hora que Ciudad Guayana retome su rol de ciudad industrial, propulsora, creadora y generadora de empleos y riqueza. Es hora que Ciudad Guayana permita, una vez más, que los ejes del país se vuelquen hacia ella como centro de esperanza y de solución a los múltiples problemas que nos aquejan a todos. Es hora que Ciudad Guayana vuelva a ser el faro que ilumine el camino de esta nueva generación, tal como lo hizo en años pasados, y sea portadora de la dicha y la felicidad que ha de embargar a los hogares guayacitanos, porque Guayana somos todos.

*Presidente de: ASOMAB
*Presidente de: Gente por Guayana

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