EL ESTADO Y LA
NUEVA CONSTITUCIÓN (II)
*Libardo Fernández
Quintana/ Jueves 25 de Noviembre de
1.999.
Indiscutiblemente
que aún, en Venezuela, seguimos en una luna de miel con el gobierno, y esta es
una pasión que tiene peligros, ya que todos pretenden que el gobierno les
resuelva los problemas, les compense de sus malas inversiones, le salve de los
malos negocios. Poco a poco el estado se ha vuelto asegurador contra los
desastres, responsable de la carestía de la vida, regulador de todos los
precios, sin poder realizar los milagros esperados. Y con cada función que
asume, lógicamente que aumenta su burocracia, se hincha, se deforma, se
convierte en árbitro de la vida y la muerte, Y como todas estas labores son
costosas, se ha creado un súper Estado, con un súper Presupuesto y una súper Tributación y actualmente no hay
gente lo suficientemente rica, para llevar la carga de estos servicios generales.
En los actuales
momentos, discutido y aprobado el proyecto de Constitución que ha de plasmar la
estructura del nuevo Estado que ha de regirnos, debemos tener en cuenta que aunque
el Estado debe intervenir, debe planear, debe orientar, debe señalar rutas al
país, no debe avanzar hasta el manejo directo de los negocios y de los ahorros
del pueblo. No debe convertirse en competidor de la empresa privada. No debe
proyectar su sombra sobre todas las actividades de la vida individual, porque
de hacerlo, lógicamente que va alcanzando, cada vez más, los límites del
totalitarismo. La dictadura económica, dijo Juan XXIII en su encíclica Mater Al
Magister, desemboca fatalmente en la dictadura política.
Actualmente se
está cuestionando mucho la posición de la Asamblea Nacional Constituyente ante la
concepción de un nuevo estado centralista, que absorbe todos los recursos de la
nación, sin posibilidades de remediar sus necesidades, corriéndose el riesgo,
en estos momentos, de perder los avances que se han obtenido en los últimos
años con el surgimiento de ese Movimiento Federalista, destinado a fortalecer
las economías regionales, a devolver el poder al pueblo, a salvaguardar los
intereses de las provincias sometidas a un largo abandono. En Venezuela esta
tesis se ha propagado con una velocidad que sorprende a sus mismos defensores,
porque cada Estado, cada Municipio sufren en carne propia la injusticia del
trato actual y de lo que ellos consideran puede suceder en el futuro.
En los actuales
momentos, el Estado Bolívar ha venido sufriendo de la indiferencia y hostilidad
oficial. No nos construyen las obras indispensables, se cierran camas en
nuestros hospitales para abrirlas en otros estados, se suprimen puestos de
salud, no hay funcionamiento para el sector agroindustrial, existe una
paralización total e n el sector industria, lo cual implica un aumento
considerable en la rata de desempleo, en fin, la Región Guayana, con que
soñamos todos, está reducida en sus planes y en sus empresas.
En los próximos
días el pueblo venezolano, tiene que defender los principios democráticos con
ideas que tengan plena vigencia, para obtener un Estado, que sea más ágil, más
eficaz, más seguro defensor de los derechos del pueblo. En la Constitución del
61 están consignados estos principios: El interés público prevalece sobre el
privado, la comunidad sobre el individuo, la sociedad sobre el hombre. Es una
ordenación perfecta de valores que garantizan la paz, el trabajo y la dignidad
de la persona humana. El abuso del poder es tan peligroso como la anarquía. Al
hombre hay que protegerle su espacio vital para que pueda moverse en él, con
seguridad y autonomía.
Esto es lo que
siempre habían reclamado todos los países que habían estado subyugados por el
comunismo. Esto es lo que siempre han perseguido las grandes muchedumbres de
las naciones democráticas. Por lo tanto, cada día es más notoria, en el mundo,
la resistencia contra toda clase de tiranía, la del Estado, la de la técnica,
la de las grandes empresas transnacionales que explotan al mundo. La nueva Venezuela no debe cargar con el peso de
todas las teorías probadas y fracasadas en otros países aunque las presenten
maquilladas y remodeladas para borrarles las huellas de su cansancio y de su
corrupción.
El país tiene que
transitar seguramente por las rutas del
desarrollo, tienen que crear las estructuras eficaces para el cambio y una de
ellas tiene que ser fundamentalmente, un cambio de mentalidad.
Me espanta, dice
Toffler en su libro “El Shock del futuro”, lo poco que saben, hoy en día, los
que exigen y producen grandes cambios en nuestra sociedad, como aquellos que
pretenden prepararnos para hacerles frente. Graves intelectuales hablan
enérgicamente de la educación para el cambio o de la preparación de la gente
para el futuro. Pero nada sabemos, virtualmente, sobre la manera de hacerlos.
En el medio
velozmente cambiante, que jamás haya enfrentado el hombre, seguimos ignorando,
lastimosamente, las reacciones del animal humano. Ningún futurólogo serio, se
atreve a hacer predicciones. Eso queda para los oráculos de la televisión ó
para los astrólogos de los periódicos.
Esto quiere decir
que el futuro del país está sembrado en una juventud preparada, capaz de
asimilar las posibles transformaciones del mundo. Una juventud que debe
enfrentarse a un mundo adverso, que debe situarse frente al descontrol social y
humano de la violencia y el sexo presentados por sus aspectos más crueles y
morbosos, haciendo uso de toda esa gran reserva llena de valor, de inteligencia
de generosidad y solidaridad humana. En sus manos limpias se ve bien la bandera
de la patria. El pueblo Venezolano espera que la pueda colocar muy en alto,
sobre el fango de una sociedad contaminada, para que así el pueblo, pueda
respirar a sus anchas la libertad y disfrutar con orgullo de un bienestar
merecido.
Esta debe ser la
nueva Venezuela que saludaremos esperanzados, desde lo más íntimo de nuestros
corazones. La nueva Constitución ha de marcar la pauta del desarrollo y
progreso del país y principalmente de la región Guayana, porque Guayana somos
todos.
*Presidente de:
ASOMAB
*Presidente de:
Gente por Guayana A.C.

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