A la
cumpleañera con amor
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Libardo Fernández Quintana /Jueves, 03 Julio 2014
Hoy más que nunca debo confesar
que cuando llegué al estado Bolívar, por primera vez, tuve la oportunidad de
conocer a una mujer, la que me impactó tan solo al conocerla. Esa mujer a la
que hago referencia se caracterizaba por su donaire, su esbeltez, su hermosura
y otras cualidades que resaltaban y hacían que todo aquel que la conociese quedase
impresionado de tal manera, que era difícil olvidarle, ya que quedaba prendado
en lo más profundo de su corazón.
Esta mujer pertenecía a una
región, muy bien dotada por la madre naturaleza y por aquellos tiempos se hizo
muy popular un refrán que decía, que si alguien se comía la cabeza de la
sapoara, nunca más se iba y considero que sí es muy cierto porque parece que me
comí más de una cabeza, ya que no ha habido forma de poder desprenderme de esta
bella tierra y cada día lucho por defender y seguir amando esa gran mujer que
me albergó en su seno, que me dio la acogida y el calor familiar que tanto
necesitaba, me dio la comprensión y el amor que todo ser humano necesita y
sobre todo la gran oportunidad de hacer mi vida y granjearme un futuro promisorio
que hoy en día disfruto y de lo que eternamente le estaré muy agradecido.
Esa mujer en su momento se
distinguía por la brillantez de sus ojos, con una mirada radiante que cual
diamante cautivaba, tenía una nariz respingada emulando una escultura griega,
tenía unos labios voluptuosos que invitaban al placer de contemplarla, tenía
una voz que competía con el trinar de las aves, tan claras y transparentes como
el agua de la fuente. Tenía una cabellera a la cadera con visos marrones y
negruzcos que se confundían con los torrentes de aguas que le daba la
naturaleza.
Esta bella mujer lucía un vestido
que a uno lo dejaba confundido por lo bello que era, cuyos componentes eran la
fiel representación de la naturaleza, el oro, el diamante, el aluminio, el
hierro y todo aquello que Dios había tenido a bien regalarle para engalanarle y
hacerle que uno la quisiese.
En fin no podemos negar que esta
mujer era lo mejor de la época y era ejemplo para el resto del país, la cual
fue creada para ser el epicentro no solo del estado, sino de los confines del
más allá.
Pero la realidad es que hoy en
día me embarga un dolor profundo de ver el estado deplorable en que se
encuentra esta mujer, cuya lánguida mirada se pierde en lontananza, sin ningún
brillo, porque ha perdido la luz de la felicidad con que Dios la dotó,
presentaba un rostro desencajado y demacrado que demuestra el dolor que la
embarga por lo que acontece en derredor y por haber dejado de ser la fiel
representación de otrora. Presentaba un estado deplorable en su vestido, todo
rasgado y sin los componentes con que fue confeccionado, hilos de oro, plata,
diamantes, aluminio y hierro, ya que los mismos le fueron sustraídos por
elementos desalmados que llegaron para utilizarla y lucrarse de sus bondades,
dejándola hoy en día en la indigencia más grande y, lo más triste, con muy
pocos dolientes.
Esta bella mujer de la cual les
he comentado lleva por nombre Ciudad Guayana y cuando se celebra un aniversario
más, solo le embarga la tristeza de ver cómo sus gobernantes se han olvidado de
las múltiples promesas que año tras año le hacen y las cuales quedan en eso,
promesas y solo promesas, por lo que ha llegado el momento que en su nombre
todos sus hijos, propios y extraños, reflexionen y le retribuyan, a la
cumpleañera, con amor, el mejor comportamiento de buen ciudadano, rescatando y
poniendo en práctica los valores que hoy se han perdido y así ella pueda lucir
espléndida y esperanzada de que aunque tarde, se logre darle lo que bien se
merece, porque Guayana somos todos.
Presidente de Gente por Guayana
A.C.

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